Anaximandro es un filósofo presocrático que vivió entre 611 y 547 a.C. en Asia Menor. Así como Tales de Mileto, su maestro, Anaximandro también formó parte de la escuela jónica, la más antigua de las escuelas filosóficas. Este presocrático se ocupó de la geografía, matemática, astronomía y política. Entre sus ideas y producciones le es atribuido el tratado Acerca de la Naturaleza, en el cual establece como principio universal una sustancia indefinida, conocida como apeiron (ilimitado). Tal sustancia es cuantitativamente infinita y cualitativamente indeterminada, además de ejecutar un movimiento perpetuo. Parece que Anaximandro fue el primero en usar la noción de arché en el sentido del principio. Su esfuerzo demostró una explicación en dirección de algo más abstracto huyendo de las nociones de principio tradicionales. Vemos en él una primera versión para definir la materia.
El apeiron, según Anaximandro, es un principio dotado de vida e inmortalidad y tampoco está preso directamente a ningún elemento palpable de naturaleza conocida. Pero es de ese ilimitado, por un proceso de separación o segregación, que derivan los diferentes cuerpos. Superando la visión de Tales, Anaximandro camina en la dirección de la independencia de ese principio en relación a las cosas particulares.
Posiblemente estamos ante múltiples realidades determinadas que se oponen y se destruyen mutuamente y sólo se relacionan en un conflicto incesante – y de ahí resultan una serie de pares opuestos – agua y fuego, frío y calor, etc., que constituyen el mundo. Como ninguna sustancia determinada puede ser adecuada, es además de cualquier elemento de la realidad que se debe buscar el principio del mundo. Esa sustancia debe ser buscada fuera de cualquier límite, es decir, en el apeiron (lo que no tiene determinación). En virtud de ese principio, del caos evoluciona el orden del mundo, que en realidad no es pensado por él de forma global, pues le parecía evidente que viviésemos en una superficie plana, por eso la concebía como un cilindro. La Tierra es concebida como algo que se asemeja a un tambor suspendido en el aire. Caminamos en una de sus superficies planas, mientras la otra queda en el lado opuesto.
References:
ARANHA, Maria Lúcia de Arruda e MARTINS, Maria helena Pires. Filosofando. 4° Ed. São Paulo: Moderna, 2009.
JERPHAGNON, Lucien. História das grandes Filosofias. Trad. Luiz Eduardo de Lima Brandão. São Palo: Martins Fontes, 1992.
MARCONDES, Danilo. Iniciação à história da Filosofia: dos pré-socráticos a Wittgenstein. 2°ed. Rio de Janeiro: Zahar, 2007.
MEIER, Celito. Filosofia: por uma inteligência da complexidade. 1°ed. Belo Horizonte: Pax editora, 2010.