Ética en los Negocios

A pesar de no  ser idéntico, el concepto de ética en los negocios (o ética en la gestión) surge estrictamente relacionado con el concepto de responsabilidad social de las organizaciones. La ética puede ser considerada como un conjunto de valores y reglas sociales que distinguen lo que es correcto de lo que es erróneo, o sea, indican cuando un comportamiento es socialmente aceptable o no. Por otras palabras, una actuación ética significa no más de lo que respetar los principios morales de la sociedad. Estos principios morales constituyen reglas generales de comportamiento de gran importancia para la sociedad que no pueden ser establecidas o modificadas por las decisiones de individuos aislados o por los poderes instituidos. En el plano empresarial, la ética tiene que ver con la toma de decisiones de gestión, esto es, cuales las elecciones efectuadas por los gestores de cara a una pluralidad de pociones, teniendo como plano de fondo la moralidad.

Es un hecho evidente que las organizaciones contribuyen para el bien estar de las personas a través de la calidad de la gestión por el simple hecho de procurar alcanzar sus objetivos predeterminados. Pero también es necesario tener en cuenta que existen inúmeras situaciones en que los intereses de la organización son diferentes de los intereses de la sociedad, llevando, a veces, a actuaciones menos éticas. De hecho, las situaciones de falta de ética son originadas, en la mayor parte de los casos, por la incompatibilidad entre los intereses de la organización los intereses personales de sus miembros o entre los intereses de la propia organización y los de la sociedad. Estas situaciones ocurren generalmente cuando se intentan conseguir beneficios, financieros u otros, a corto plazo, a “cualquier precio” y con cualquier medio (mismo ilegales, ilícitos o injustos), cuando se utilizan los recursos de la organización para beneficio propio o cuando no son ejecutadas las funciones o las tareas que se supone sean ejecutadas, entre muchas otras situaciones.

Aunque exista gran cantidad de legislación que trata de evitar muchas de las situaciones consideradas como no éticas, es imposible para el legislador prever todas las situaciones posibles, y se arriesgaría a caer en una situación de híper-legislación. Por eso, muchas organizaciones, empresariales o no, elaboraron sus propios códigos de conducta y de ética al que sus miembros están obligados a respetar como forma de compensar algunas de esas lagunas de la legislación, concretamente para algunas situaciones específicas del contexto en que se insieren y de las actividades que desarrollan. Aún con el mismo objetivo de compensar lagunas en la legislación y abordar cuestiones específicas de cada sector o actividad surgen los códigos deontológicos y de ética creados generalmente por las asociaciones patronales, profesionales, sectoriales y regionales y que obligan a sus asociados a respetar determinadas reglas de conducta ética.

Aún así, una conducta ética solo es posible si cada uno de los intervinientes actuar en ese sentido, particularmente no colocando sus intereses personales delante de los intereses de la organización y de la sociedad lo que será facilitado a partir del momento en que los gestores se dan cuenta de esa conducta también proporciona rentabilidad y ganancias financieras.

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